La radio. El directo. Las llamadas.

Hoy viernes 17 de agosto, en “Las Mañanas de Radio nacional de España”, con Javier Capitán, he hablado de la tradición de la siesta.

Están muy bien las nuevas tecnologías y hacer participar a los oyentes via mensajes de voz, a través de twitter, etc… pero nada como que puedan entrar en directo, hablar con el conductor del programa y poder CONVERSAR diciendo aquello de: “Buenos días Carlos, desde Palencia”, o “Buenos días Marisa, desde Albacete”, o “Buenos días Alberto, desde Toledo”.

Qué queréis que os diga. Un placer. El enlace para escucharlo lo tenéis aquí:

 

Las bravas de La Esquinica

Mi niñez, mi adolescencia y si quieres tira bastantes más años (casi hasta los 30) los pasé en la calle Cadí, en el barrio del Turó de la Peira. Allí conocí el Bar La Esquinica, en la calle Montsant, todo un símbolo de dos maños emprendedores (que por cierto no es un invento de ahora) que se pusieron manos a la obra a preparar y a servir buenas bravicas, pescadicos, champiñoncicos y cervecicas.  

Dejando muchas horas, cerrando a la 1 de la madrugada y abriendo a las 8 de la mañana, sin anuncios en prensa, sin instagram pero con un gran boca a boca, estos maños consiguieron una clientela fija y de su nombre hicieron una marca y un gran reclamo. 

Por desgracia, la aluminosis nos expulsó a muchos de ese gran barrio, aunque en realidad siempre he pensado que era un pueblo, y antes de que todo se viniera abajo cogimos cuatro bártulos y marchamos rápido: servidor (con mi madre) a donde pudimos y los mañicos, a un local de Fabra i Puig. Se quedaron allí la fuente, el pilón, la cruz, el Amor de Dios, el colegio Madrid, las balsas y El que Faltaba.

Captura de pantalla 2018-08-07 a las 22.15.47Queda el recuerdo de aquel entrañable Turó en el que durante el verano, al atardecer, las personas se sentaban en las puertas de las casas “a tomar la fresca”. Años después, no sé por ejemplo hoy, hacer eso mismo en el Turó equivale a un deporte de riesgo. Y sinceramente da pena, porque el ambiente de barrio ya no existe, las tiendas se han convertido en viviendas y las broncas nocturnas son habituales. 

Yo creo que mis abuelos maternos, Encarna y Eugenio, desde el cielo, de pura sangre maña, de Zaragoza y Borja, seguro que cogidos de las manos, estarán alucinados de ver cómo ha cambiado el barrio. Pues yo también. 

Esta tarde de agosto he podido tomar unas bravicas con una cervecica en La Esquinica. ¡Ah! y no tienen cuenta de instagram:  “¿Pa qué, si las colas son de media hora y no hace falta, maño?”

He comprobado lo que dan de sí unas bravas, y lo poco que hace falta para disfrutar de una tarde feliz.

DAR LAS COSAS POR HECHAS…

Cuando dices… “Supongo que ya dará por hecho que si yo no contesto… “ estás haciendo mal tu trabajo o te estás portando mal personalmente.

Frases como… “Entiendo que queda claro que este proyecto no se hace…” ;  “Diría que yo he sido bastante explícito…”  no ayudan. Las cosas no se suponen, ni se intuyen, ni se adivinan. Lo que tú supones, intuyes o adivinas lo sabes tú. La otra persona puede entender tu silencio de forma totalmente contraria. Y muy posiblemente peor: como un desprecio.

Las cosas se dicen verbalmente (aunque duela) o se escriben. Las carpetas se cierran, porque si no contestas se producen dos realidades: la tuya y la del otro. Pero sobre todo un trabajo mal hecho: tu silencio.

Contesta y dormirás mejor, aunque hay quien prefiere acumular mierda en su mochila.

Bienvenidos a la felicidad

Esta fotografía está realizada en Cantonigròs -Osona-  durante estos días.  Mírenla, relájense e intuyan lo que pueden estar pensando ambos animales.   ¿Felicidad? ¿placer?  ¿O quizá únicamente todo sea instinto?  ¿Ambos manifiestan algún comportamiento egoísta?  Yo diría que no, que cada uno realiza su cometido, totalmente ajenos al miedo, a la vergüenza, al día de la semana, ignorando su futuro y su final…

A menudo me pregunto cómo, desde tiempos ‘A’, los humanos nos complicamos demasiado la existencia. Y por eso no puedo esconder cierto sentimiento de envidia  -y de felicidad-   cuando miro esta foto.  ¡Sí, cómo nos complicamos!  ¡Qué pena!…

EMPEZAR un DOMINGO

Duermo plácidamente pero escucho unos ruidos.
Me despierto sobre las 7’20, pero compruebo que mi hija pequeña lo ha hecho antes para dejarme preparado el desayuno.
Entonces mi memoria recupera la charla de la cena de ayer por la noche, cuando me preguntó:  “Papa, a qué hora te despiertas los domingos?”.

La felicidad

Miren ustedes.

Hoy miércoles, para mí, la felicidad sería tan solo esto:

una hora seguida lloviendo, mojarse entero, reirse de todo, secarse bien.

Y lo que se tercie.

DESPUÉS

Cuando uno mira… ya son las seis de la tarde, ya es domingo por la noche, acaba un mes y empieza otro… Cuando uno mira ¡ya se pasaron 50 o 60 años!

Miras para atrás y recuerdas amigos que se han perdido por el camino… o igual perdimos al amor de nuestra vida y quizás ahora sea tarde para volver atrás. No lo es. No.

No dejes de hacer algo que te gusta por falta de tiempo; no dejes de tener alguien a tu lado, porque tus hijos pronto se irán despegando, y tendrás que hacer algo con ése tiempo que resta, por eso resulta precioso eliminar el “DESPUES”…

Después te llamo.
Después lo digo.
Después lo hago.

Dejamos todo para Después, como si el Después fuese lo mejor…

Por qué no entendemos que… después el café se enfría,
después las prioridadades cambian,
después se pierde el encanto,
después los hijos crecen,
después la gente envejece,
después el día es noche,
después la vida se acaba.
Y ya está.

No dejes nada para Después, porque en la espera del Después te puedes perder los mejores momentos, las mejores experiencias, los mejores amigos y los mayores amores.

Ojalá tengas tiempo para leer y luego compartir este mensaje… o de lo contrario… déjalo para Después.

No me gustan las cadenas, pero si quieres pásalo por privado a tus cinco mejores amigos (y a “mí” si estoy entre ellos) y verás como no todos responden. ¿Sabes por qué? Porque lo dejan para después.

41…

Esta foto es de 1965. Yo tenía un año. Ahí estoy, en brazos de mi padre. Hoy, 15 de mayo, hace 41 años que te fuiste. Exactamente cuarenta y uno. Se dice rápido. Son muchos. Y te sigo añorando. ¿Cuántas cosas nos hemos perdido juntos por el puto cáncer, eh? A mi lado, mi madre y mi hermano Quique.

Ya sabes que lo que me gustaría, lo que de verdad me gustaría sería volver a verte. Me encantaría y no se si será posible. Hay una distancia muy corta entre el deseo y la realidad.

Yo también me iré, Papa. Ignoro si será el miércoles, la semana que viene, en tres meses o en cinco años; yo me iré y será entonces cuando nos veamos. ¿Pero realmente nos veremos, Papa? Pienso mucho en esto. Quizás, demasiado. Si pienso en frío, creo que no. Pero… ¡no te imaginas las ganas que tengo de explicarte tantas cosas! ¿Cómo estarás? ¿Estarás en forma igual que cuando te fuiste?  

Cuando nos deja alguien siempre decimos que desde ahí arriba nos estará viendo. Vale, ese es un deseo. Pero… ¿será real? ¿Nos estarán viendo, o sintiendo? A menudo pienso que algo tendrá que haber… El ser humano es una ‘construcción’ tan perfecta, que aunque ya sabemos que el cuerpo desaparece pues tiene que haber algo más… Las personas no somos un mueble de madera que se quema y ya está… Ese mueble no tiene alma, pero nosotros sí… ¿Porque la tenemos, no? ¡Qué tremendo misterio, Dios! Por eso pienso… ¿Cómo nos comunicaremos? ¿De alma a alma?

Y me vienen muchas preguntas: Papa, ¿me seguirás llamando gorrión? ¿Podremos seguir jugando a fútbol? Te explicaré qué he hecho en todos estos años, cómo está la mama, el Kike, tus cinco nietos… las historias que les explico a mis hijos de tí y de tu padre Juan de Dios, mis fracasos, algunos aciertos…

De momento sigo contentándome cada día (ya ves…), cuando entro en mi habitación y miro la foto en la que estamos los dos sentadicos en la grada de Sarrià… y todos mis recuerdos son buenos y al irme a dormir te digo: “Bona nit, papa”. Me encantaría pensar que algún día volveré a verte y que me compres otro paquete de chicles de limón, aunque tampoco ya existe el kiosko en el que lo hacías…   Esa es la ilusión.
T’estimo papa.